Sierra Norte de Oaxaca, entre el trópico y las montañas

Ruta sorprendente

Paisajes espectaculares del trópico y la montaña, exquisita gastronomía regional, cultura, historia y tradiciones integran la ruta, que va de Tuxtepec a Oaxaca capital, en un recorrido directo de cinco horas…o los días que disponga. 

Texto y fotos: Axel Trujillo

Poco conocida en su totalidad por la gran mayoría de mexicanos y buena parte de los propios habitantes del estado, la ruta Sierra Norte de Oaxaca o Sierra Juárez, es un producto turístico en sí mismo de gran valor por sus increíbles paisajes naturales, miradores, entre ellos el de piso de cristal, gastronomía, historia, cultura, tradiciones y costumbres.

El trayecto de Tuxtepec a Oaxaca capital sin escalas se recorre en cinco horas, pero nosotros lo realizamos en 48, al visitar algunos lugares de interés durante el mismo, como parte de los viajes de familiarización de compradores y medios de comunicación organizados por ATMEX, la feria de turismo de aventura, naturaleza y rural más importante de Latinoamérica, con motivo de su 14 edición realizada en marzo pasado en la ciudad de Oaxaca.  

La ruta, que va de Tuxtepec hacia la ciudad de Oaxaca, capital del estado del mismo nombre, en los valles centrales, comienza en la población de San Mateo Yetla, puerta de entrada a la región conocida como la Chinantla, de gran biodiversidad y declarada Reserva de la Biosfera, la cual ofrece la oportunidad para observación de aves, flora y fauna, como la guacamaya roja, a través de recorridos guiados. Es también hábitat del jaguar y tapir, entre otros mamíferos, además de reptiles.

Partimos de Tuxtepec, en la cuenca del Papaloapan, en dirección a la capital del estado, con la guía y servicio profesional de la touroperadora receptiva Siente Oaxaca, empresa dirigida por el especialista en turismo César Virgen.

Primera escala, luego de recorrer 52 kilómetros: Centro Ecoturístico Yetla, situado a la orilla de un río que baja de la sierra, el cual alimenta la alberca de agua natural. Administrado por pobladores de la comunidad, dispone de servicio de hospedaje y área para acampar, restaurante con gastronomía regional, salón para eventos, actividades al aire libre y guías para diferentes recorridos en las inmediaciones. 

Yetla, oficialmente San Mateo Yetla, es una población de la Chinantla y también de las primeras comunidades chinantecas de Valle Nacional, región de clima tropical, conocida por la fertilidad de sus tierras, donde se siembran café, tabaco, cacao, caña de azúcar, plátano y otros frutales.

Desde ahí comenzamos a ascender la sierra y durante un buen trayecto el clima y vegetación es tropical, con paisajes de espectacular belleza, hasta llegar a la parte más elevada de la sierra, conocida como Cerro Pelón, parada obligada para disfrutar de su mirador, previo pago de cuota.

Proseguimos el viaje hacia el Pueblo Mágico Capulálpam de Méndez, cabecera del municipio del mismo nombre -situado en un área natural preservada-, al cual arribamos en la tarde. Integrantes de la cooperativa de prestadores de servicios turísticos del Centro Recreativo Los Molinos nos recibieron en su restaurante con “amarillito” de pollo, un platillo tradicional de la gastronomía oaxaqueña.

En el pueblo, de empinadas calles empedradas y casas con techos de teja, visitamos un taller de artesanías de madera, por ser una región boscosa y cuya población realiza un aprovechamiento sustentable. En la noche fuimos invitados a vivir una experiencia sensorial en el Centro Recreativo Los Sabinos, en la parte alta del bosque, considerado un sitio mágico cuyo guardián es un árbol de más de dos siglos, guiados por jóvenes, bajo la supervisión de adultos.

La experiencia consistió en caminar descalzos un trayecto plano tapizado de hojas, “para entrar en contacto directo con la tierra”, luego, ya calzados, en “fila india“y ojos vendados, sujetamos el hombro del compañero de adelante y a la cabeza un guía, caminamos entre el bosque con los ojos vendados, a fin de “agudizar nuestros sentidos” de la vista y oído, así como nuestra percepción.

Ya sin los ojos vendados continuamos hacia la parte más elevada de la montaña, donde se encuentra el mirador de la Cruz Blanca, iluminado a esa hora y desde donde se tiene una panorámica espectacular del pueblo, cuyo alumbrado público forma una figura caprichosa, la cual puede tener la forma que su imaginación se lo permita.

Descendimos hacia un restaurante rústico donde nos invitaron chocolate caliente con pan, al calor de una fogata.

Pernoctamos en cabañas de madera, las cuales han proliferado en un pueblo con vocación por el turismo rural en constante expansión, desde la primera vez que lo visité allá por el 2008.  

Al día siguiente, luego del desayuno, visitamos el templo de San Mateo Apóstol, de cantera amarilla, cerrado a esa hora, pero en su interior -recuerdo- guarda invaluables retablos de madera y estofado en oro de los siglos XVI y XVII. Desde el amplio atrio que da al vacío se tiene una espectacular panorámica de barrancas y montañas. 

A las afueras del Pueblo Mágico visitamos la Unidad de Manejo Ambiental del Venado colablanca; el acceso es mediante una cuota que permite contribuir a su alimentación y cuidados médicos.

También visitamos el Centro de Medicina Indígena Tradicional, atendido por mujeres, quienes ofrecen el servicio de baño de temazcal, limpias y masajes, a un precio accesible.

Al continuar el viaje hacia la ciudad de Oaxaca visitamos el espectacular mirador de “cristal” de Ixtlán de Juárez, en la cima del cerro Cuachirindoo, al cual se llega en vehículo por un camino de terracería, después de sortear numerosas curvas a lo largo de dos kilómetros y medio, aunque da la impresión de una distancia mayor.

Previo pago y en calcetines recorrimos el mirador de “cristal”, estructura de acero y cristal en forma de “U” invertida que sobresale 18 metros al vacío. Emociona y estremece el paseo, porque bajo nuestros pies puede verse, a cientos de metros, el pueblo de Ixtlán.

Para los más temerarios, del lado izquierdo del mirador y unos cuantos metros más abajo, sobre la pared de la montaña, una escalera colgante para recorrerla, asegurados con arnés en la cintura y cable, para evitar accidentes fatales. A la derecha y más abajo, un columpio en forma de esfera mece a los “valientes” sobre el precipicio.

El horario de atención en el mirador es de 10:00 a 19:00 horas todos los días de la semana, y el precio de entrada por persona: $100 pesos.

Después de esta experiencia impresionante descendimos hacia la autopista 175 para dirigirnos a la ciudad de Oaxaca, distante a 64 kilómetros, con una parada en la comunidad de Las Ánimas Ixtepeji para comer y visitar la tienda y el taller de molinillos, elaborados en sus propios domicilios por 22 familias emparentadas, con un promedio de cinco mil piezas cada una a la semana, de las cuales el 90 por ciento se vende en Oaxaca, porque -a decir del artesano don Nelson Gómez- “somos un estado muy fiestero y consumimos mucho chocolate”, bebida presente en cualquier celebración, mañana, tarde y noche. 

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