Increíble destino de aventura y naturaleza
Situado en el norte del estado de Oaxaca, este joven destino ofrece gran variedad de atractivos para los amantes del turismo de aventura, naturaleza y rural, además de tradiciones ancestrales, extraordinarios bordados y gastronomía, entre otros.

Texto y fotos: Axel Trujillo
Desde el sitio en el que me encuentro el panorama es simplemente espectacular: un “mar de agua dulce” del cual emergen infinidad de islas e islotes, hogar de gran variedad de aves migratorias y residentes, aguas habitadas por diversas especies de peces, lanchas que navegan de un lado a otro y sitio para la práctica de deportes acuáticos.
Rico en historia, cultura, tradiciones, gastronomía y lenguas originarias, el estado de Oaxaca también ofrece diversos productos turísticos de gran atractivo, sobre todo en el sector de turismo de aventura, naturaleza y rural, como el extraordinario destino “Laguna de las Mil Islas”, surgido de manera artificial hace 66 años.
Este destino turístico de gran potencial tiene su origen en la construcción de una presa concebida con fines agrícolas, generar electricidad y evitar inundaciones, sobre todo de la ciudad de Tuxtepec. Hace 13 años un joven entusiasta del turismo, César Augusto Virgen Montiel, visualizó el potencial de esa obra como importante producto turístico.

La presa Temascal, conocida de manera formal como “Miguel Alemán”, puesta en operación en junio de 1959, dio origen a lo que denominan “Laguna de las Mil Islas”, luego de inundar una gran área de esa región, de las que sobresalen cimas de cerros y montañas que dieron paso a gran cantidad de islas e islotes, entre las que destacan por su tamaño y altitud el viejo San Miguel Soyaltepec e Isabel María.

La presa se encuentra en la fértil región de la Cuenca del Papaloapan, en el municipio de San Miguel Soyaltepec, en el norte del estado de Oaxaca, México. El vaso se forma con las aguas del río Tonto, conectada por un canal al embalse de la presa Cerro de Oro en el río Santo Domingo. La pesca y el turismo son las principales actividades de la población.
Su costa noroeste y las islas han sido declaradas reserva natural, aunque algunos pobladores pretenden sea declarada Reserva de la Biosfera.
Invitados por ATMEX, la feria de turismo de aventura y naturaleza más importante de América Latina, con la ciudad de Oaxaca como anfitriona de la edición 14 de esa cita profesional de negocios efectuada en marzo pasado, en viaje de familiarización organizado por touroperadores del estado y recibidos por el guía de turistas César Vírgen, de “Siente Oaxaca”, visitamos ese destino por la ruta corta de dos horas.
La otra ruta en carretera desde la ciudad de Oaxaca, por la Sierra Norte o de Juárez, es de cinco horas. A la fecha no hay opciones de vuelo comercial a Tuxtepec, la ciudad más importante de la regiòn.
Kongui Naxigen

Nos recibieron en el Puerto de Veracruz, del que partimos por una carretera en buenas condiciones y continuamos por la transitada carretera federal 145, en el estado de Oaxaca, cruzamos un antiguo puente de fierro sobre el río Papaloapan, que en esta parte recibe el nombre de río Tonto, para llegar a San Juan Bautista Tuxtepec, donde pernoctamos en el Villa Esmeralda, hotel categoría viaje de negocios y de trabajo, por ser región agrícola y sede de una planta de la Cervecería Modelo, que recibe visitas guiadas de grupos, previa reservación.
Al día siguiente nos dirigimos por carretera secundaria hacia Temascal, al cual llegamos una hora después. Situado a 35 metros sobre el nivel del mar, el pueblo fue creado por Decreto el 30 de junio de 1996, declarado sede de la cabecera municipal de San Miguel Soyaltepec. El territorio municipal consta de 579.22 kilómetros cuadrados, en el que habitaban 36,564 personas hasta el 2010, según el censo de ese año realizado por el INEGI.
Diez minutos después llegamos al Centro Ecoturístico Kongui Naxigen -nombre de origen mazateco- en la ribera de la “laguna”, operado por una asociación de 22 integrantes, en su mayoría mujeres.
Nos informaron que la presa, construcción que implicó el desalojo de 22 mil indígenas de las etnias mazateca, chinanteca e ixcateca -reacomodados principalmente en el estado de Veracruz-, tiene una cortina de 76 metros de altura y 830 metros de longitud, cubre una superficie de 75 mil hectáreas inundadas, cuyo vaso contiene aproximadamente 8,119 hectómetros cúbicos de agua (un hectómetro cúbico de agua equivale a mil millones de litros de agua); su profundidad es de 75 metros en el nivel llamado J75, y la parte más profunda es de 350 a 400 metros, por la orilla donde corre el río Santo Domingo.
Para no verter aguas negras de Temascal al embalse se tiene una planta tratadora.
La central hidroeléctrica operada por la Comisión Federal de Electricidad genera 354 megawatts de energía eléctrica, pero la jurisdicción corresponde a la Comisión Nacional del agua (CONAGUA), que otorga concesiones a la gente para vivir en alguna de las islas, sobre todo en el viejo Soyaltepec, la isla más grande y poblada, así como para la cría de mojarra tilapia, de la que se producen aproximadamente 700 toneladas por año. Los pobladores la preparan en diversos platillos y organizan la Feria Anual de la Mojarra. En sus aguas también habitan el bagre, carpa, robalo, pez puerco y otras especies.

Según fuentes históricas, en náhuatl Soyaltepec significa “Cerro de las Palmas”; Guemáquie en chinanteco, es decir “Pueblo de palo de palma”; en mazateco Naxhingee, nombre que significa “Cerro Acedo”.
El recorrido

Con el día soleado y temperatura de 26 grados abordamos dos lanchas para recorrer la “laguna”. De inmediato vimos las primeras islas, cubiertas de vegetación selvática, hábitat de diversas especies de flora y fauna. Parvadas de diversas aves vuelan de un lado a otro. En algunas isletas pastan escasas reses, uno que otro caballo o burro. Dicen que cuando agotan el alimento los trasladan amarrados al costado de la lancha, con cabeza y cola fuera del agua.
Cuarenta minutos más tarde llegamos a la isla del viejo San Miguel Soyaltepec para ascender a la parte más alta por el camino menos complicado, que no deja de tener su grado de dificultad. Las casas son de madera y otras de material, pero con puertas y ventanas de cedro, árbol que puede encontrarse en otras islas y que trabajan carpinteros locales.
Nos detuvimos afuera de una casa que exhibe una muestra de magníficos tejidos en prendas femeninas con figuras de temas locales. Metros adelante se encuentra una vieja iglesia. Desde su atrio se tiene una vista espectacular de la “laguna” e islas. En el lado opuesto de la montaña una gigantesca roca o monolito constituye un mirador natural, desde el que las vistas también son impresionantes.

Después de apreciar el espectáculo natural y descansar descendimos por otro camino con mayor grado de dificultad, por su longitud, más vertical y sortear piedras grandes durante el trayecto, para abordar las lanchas de regreso al Centro Ecoturístico, que nos recibió con un platillo regional: mojarra empapelada condimentada con hierba santa, ajo, cebolla, jitomate y chile, cocida en dos grandes ollas metálicas sobre fogón de leña.

Nuestros anfitriones nos sorprendieron una vez más con la presentación de la danza Toxo Hó o Huehuentones, que se interpreta con motivo del Día de Muertos y representa a los visitantes que se han adelantado en el viaje eterno.

Los integrantes (pueden ser niños, hombres, mujeres y ancianos) cubren su rostro con máscaras de calaveras, portan bolsas o canastas para llevarse las ofrendas de los altares y participan durante siete años seguidos, como promesa, compromiso autoimpuesto o por gusto.
Siguió la danza de la Flor de Piña, interpretada por jovencitas, aporte de la región a la tradicional Guelaguetza.

Al oscurecer concluimos la visita con una ceremonia tradicional mazateca. Toda una experiencia bajo un cielo estrellado en el espectacular destino turístico de aventura y naturaleza conocido como “La laguna de las Mil Islas”.
